En esta entrada reflexionaré, a raíz de la obra de El Dolor,
sobre la importancia de
recopilar de forma escrita las vivencias personales en épocas
decisivas para la historia.
Es decisivo para las generaciones futuras la existencia de testimonio
escrito con el principal objetivo de trasladar lecciones para que no
se repitan los errores que se cometieron con anterioridad en
situaciones similares. Es por esto por lo que el trabajo hecho por
Margerite Duras y por otros tantos que han realizado este tipo de
tareas favorece a la creación de conciencia crítica por parte de la
sociedad respecto a atrocidades
El panorama literario de la Guerra Civil española respecto del de la
Segunda Guerra Mundial es muy reducido, lo cual impide que en España
se tenga la misma conciencia respecto de lo sucedido que en los
países contendientes en la mayor guerra de la historia. Esto se ve
fácilmente en que en Alemania los campos de concentración se han
rehabilitado como museos, la simbología fascista está penada y la
población parece conocer con creces la historia de su país. Un
ejemplo similar a este es la situación italiana. En cambio, en
España, no tenemos la suerte de haber aprendido del pasado. De hecho
en ocasiones ni siquiera sabemos cuál es nuestro pasado. Se ha
tratado de borrar la historia para “olvidarla” en vez de contarla
y tratar de aprender de ella, de nuestros errores. Esto explica que
haya en pie un monumento en homenaje a los vencedores donde descansan
los restos sin vida de muchos vencidos, la existencia de la fundación
Francisco Franco, calles que homenajean a generales franquistas, etc.
De hecho esta intolerancia se aprecia en la actualidad cuando los
partidos políticos relevan este tema a un segundo plano sin pensar
que nuestra historia es lo que nos hace ricos en sabiduría y lo que
nos permite crecer como personas.
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